¿Cómo lanzar un hotel de cinco estrellas en tiempos de crisis?

by Carles Rodriguez on 21 July 2009

Dos cadenas internacionales verán coincidir este año su aterrizaje en Barcelona. El reto de posicionarse a nivel internacional obliga a multiplicar sus armas para captar a la clientela más selecta.

Barcelona debía inaugurar diez hoteles de cinco estrellas entre 2009 y 2010. Algunos de estos proyectos se han paralizado para no abrir durante la crisis, como el barco-hotel que Joan Gaspart quería amarrar en el Port Fórum o el Hotel Marriot que María Reig quería abrir en Francesc Macià.

Otros, tras muchos años de obras y algunos meses de demora verán como su apertura coincide inevitablemente con la crisis. Es el caso del W Barcelona -conocido en la ciudad como hotel Vela-, gestionado por el grupo Starwood, o el Mandarin Oriental, también propiedad del grupo Reig. El vela, diseñado por Ricardo Bofill, abrirá el 1 de octubre; el lujo asiático del Mandarin llegará en diciembre.

El concepto de los dos hoteles tiene poco que ver entre sí. El Mandarin Oriental ofrece “lujo asiático”, prioriza el servicio y el bienestar del cliente por encima de todo lo demás. El cliente del W busca un ambiente moderno y de diseño, con algo de diversión. El primero está ubicado en el prestigioso Passeig de Gràcia. El W junto a la playa, en una ubicación poco conocida por muchos barceloneses pero muy valorada por los visitantes. Su público objetivo es muy diferente. Sin embargo, sus estrategias tienen mucho en común.

Clientes fieles
Su gran ventaja: una red de comercialización mucho más potente que cualquier hotel de Barcelona gestionado por una cadena local y clientes muy fidelizados a nivel internacional. Su peor enemigo: una ocupación media del 55% en los hoteles de cinco estrellas de la ciudad durante el primer semestre del año y una caída de precios del 18% durante este periodo.

Hasta el momento, estos dos conceptos de hotel eran prácticamente desconocidos en Barcelona. El hotel Arts ha disfrutado de una práctica hegemonía durante muchos años. La dirección del hotel Mandarin Oriental cree que su competencia directa es el Arts, el Casa Fuster y el Majestic. El director del W sitúa su competencia en grandes hoteles internacionales (como los de Mónaco) en turismo de congresos. En ocio, cree que sus competidores son los pequeños hoteles urbanos con encanto.

Mandarin: “Queremos desbancar al Arts
El director del futuro hotel Mandarin Oriental de Passeig de Gràcia, Luis Marcó (Barcelona, 1941), dirigió la apertura del hotel Arts en 1994 y ha trabajado para Ritz Carlton durante casi dos décadas. A sus 69 años, y cuando ya había pactado su jubilación, Reig le fichó para abrir el primer Mandarin Oriental de España.

Marcó indica que “el Arts ha sido el hotel de referencia durante quince años” y explica que la intención del nuevo Mandarin es “desbancarlo y tomar la primera posición”. El director de este hotel de 98 habitaciones indica que a partir de una ocupación del 65% se alcanzaría la rentabilidad. “Hasta hace poco no hubiera sido difícil, la actual situación económica supone un reto mayor y más esfuerzo en márketing”.

Marcó confía en el renombre internacional de la cadena y en su pontente central de compras para atraer turistas de alta gama a Barcelona. Ha fichado a Carme Ruscalleda para su restaurante de autor y a al chef Peter Zampaglione, procedente de Ritz Carlton, para el restaurante de diario del hotel. Para Marcó, “el verdadero lujo es el que no se ve: está en el servicio y en el bienestar del cliente, que debe sentirse único; en eso romperemos moldes”, asegura.

W: “Tenemos las mejores marcas del mundo”
El director del futuro hotel W, Richard Brekelmans (Holanda, 1967) ha dirigido hasta hace unos meses el hotel Le Meridien, también de cinco estrellas y del grupo Starwood. Confía en que la extensa red comercial de la compañía, que este año inaugurará su hotel número 1.000, atraiga suficientes clientes al establecimiento. Con un total de 473 habitaciones y un precio de entre 250 euros y 400 euros, aproximadamente, el hotel W alcanzaría la rentabilidad a partir de una ocupación del 50%, explica Brekelmans.

El lujo del W se basará principalmente en “su ubicación y en el ambiente cool: no existe otro hotel urbano en Barcelona con beach club y un entorno tan cosmopolita”. El servicio también deberá ser de lujo: “lo que el cliente quiera y cuando quiera” es la máxima que van a inculcar a sus empleados.

Brekelmans explica que en la compañía “no pueden saber de todo”, así que su estrategia se basa en subcontratar a los mejores para cada servicio. El grupo londinense Ignite, que posee los clubs de moda por donde se pasean los famosos en Londres, se encargará del bar del piso 26, que Brekelmans quiere posicionar como el “bar de moda de Barcelona”.
El spa correrá a cargo de Bliss, una marca neoyorquina famosa por sus recorridos de aguas modernos, divertidos y con colorido, ya que antes que relajarse, la gente busca pasárselo bien. El hotel está realizando una agresiva campaña de prensa y márketing en Nueva York, Londres y Munich para dar a conocerse en las más altas esferas y captar clientela internacional.

Fuente: Expansión

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